Problemas sexuales

¿Qué son los problemas sexuales?

Los problemas sexuales son todas aquellas dificultades en la manera de vivir la sexualidad, ya sea con uno mismo o con el otro. Éstas se presentan en diferentes aspectos de la sexualidad, de manera concreta o generalizada, y tienen una influencia directa en nuestras emociones, determinando cómo nos sentimos más allá del ámbito sexual.

Así mismo, los problemas sexuales conllevan o preceden a las dificultades en las relación de pareja, a las capacidades de relación con el otro, con el propio cuerpo, a la autoestima y a muchos otros conflictos de la persona que, aunque no sean tan visibles y acuciantes, están relacionados con ello.

Existen dos grandes grupos dentro de los que se clasifican los diferentes problemas sexuales: las disfunciones y las parafilias.

Por disfunciones sexuales se entiende una alteración en el deseo, ya sea por inhibición o exacerbación, así como cambios anormales en la respuesta sexual en relación al funcionamiento sexual de cada persona. Dentro de estas disfunciones más comunes encontramos los trastornos de erección, el vaginismo, eyaculación precoz, la anorgasmia, el deseo sexual hipoactivo, o la adicción al sexo.

Las parafilias consisten en una colocación del deseo sexual sobre objetos o situaciones culturalmente no considerados como entitativamente sexuales. Esta manera de vivir la sexualidad suele afectar a las relaciones de pareja y, en ocasiones, a la autoestima, así como al estado afectivo y emocional de la persona que lo vivencia. Son parafilias el fetichismo, el exhibicionismo, el sadomasoquismo o el frotismo entre otras tantas.

¿Cómo entendemos los problemas sexuales?

La sexualidad es un plano imprescindible de la realidad de la persona. Es una forma de expresarse y relacionarse con su propio cuerpo y con los otros, muy sensible a otros factores psicológicos que estén actuando en ella. Tal es así que no podemos entender la sexualidad como algo separado del resto de realidad psicológica y, para trabajar sobre ella, tenemos que revisar su relación con otras cuestiones más profundas.

Como una parte más de la persona, la sexualidad y la manera de vivirla va cambiando a lo largo de la vida. Estos cambios empiezan a ser problemáticos cuando generan malestar propio o ajeno, y la persona comienza a ver afectadas otros aspectos de su vida. Cuando esto ocurre la mayoría lo vive de manera avergonzada y en silencio. Sin embargo, igual que otros síntomas psicológicos, necesitan de una apertura y una comprensión para superarse, partiendo del hecho de que si está en uno, es porque tiene algún “sentido” que debemos poner sobre la mesa.

Por lo tanto, entendemos los problemas sexuales desde dos planos complementarios y necesarios si queremos superarlos:

1. Una dificultad concreta que genera sufrimiento actual en la sexualidad de la persona y que esta nos dice que quiere superar.
2. Una pista de que algo está ocurriendo a un nivel más profundo y menos evidente, ya sea en su momento actual o en su biografía, que está explicando su mantenimiento.

¿Cómo trabajamos los problemas sexuales?

Nuestra manera de trabajar los problemas sexuales es comprendiéndolos dentro de la totalidad de la persona. La primera intención, como con el resto de síntomas, es conocerla a ella o él, e ir entendiendo el problema concreto en su vida, su momento y su biografía.

A través de la expresión de las emociones asociadas, los pensamientos y la comprensión de conductas y dinámicas iremos viendo una personalidad donde la sexualidad tiene un significado concreto y específico. Desde ese significado iremos trabajando para ir desentrañando por qué se relaciona de ese modo y qué ocurre en la persona.

Conocer la biografía, los inicios de la sexualidad, qué entiende ella por sexualidad, con quién le ocurre, qué le da y qué le quita ese problema, qué siente respecto a él, étc., nos permitirá ir acotando el problema y desanudando su fuerza. A esto hay que sumar las herramientas que la persona irá ganando desde la psicoeducación y su comprensión de sí misma.

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